domingo, 26 de abril de 2009
Teologia 1- Que voy a hacerle yo?

El catecismo me enseñó, en la infancia, a hacer el bien por conveniencia y a no hacer el mal por miedo. Dios me ofrecía castigos y recompensas, me amenazaba con el infierno y me prometía el cielo; y yo temía y creía.
Han pasado los años. Yo ya no temo ni creo. Y en todo caso, pienso, si merezco ser asado en la parrilla, a eterno fuego lento, que así sea. Así me salvaré del purgatorio, que estará lleno de horribles turistas de la clase media; y al fin y al cabo, se hará justicia.
Sinceramente: merecer, merezco. Nunca he matado a nadie, es verdad, pero ha sido por falta de coraje o de tiempo, y no por falta de ganas. No voy a misa los domingos, ni en fiestas de guardar. He codiciado a casi todas las mujeres de mis prójimos, salvo a las feas, y por tanto he violado, al menos en intención, la propiedad privada que Dios en persona sacralizó en las tablas de Moisés: No codiciarás a la mujer de tu prójimo, ni a su toro, ni a su asno... Y por si fuera poco, con premeditación y alevosía he cometido el acto del amor sin el noble propósito de reproducir la mano de obra. Yo bien sé que el pecado carnal está mal visto en el alto cielo; pero sospecho que Dios condena lo que ignora.
Eduardo Galeano
Así habló Zaratustra

¿Que hay que lamentar en que se marchiten las hojas? Déjalas que caigan y que se vayan volando, Zaratustra, y no te lamentes. Es preferible que las barras con tu fuerte viento: que soples esas hojas, Zaratustra, para que se aleje cuanto antes de ti todo lo que está marchito.
Friedrich Nietzsche
Foto- Cuauhtémoc Suárez
jueves, 23 de abril de 2009
Ventanita de mis sueños. Te acordás hermano, la rubia Mireya?

Ayer soñe que cantaba este tango,
a coro con algunos amigos,
y a todos nos desgarraba las cuerdas,
al fin de cuenta, y aun sin quererlo
todos somos mártires.
Aquel que una tarde entró al conventillo,
echao a los ojos el funyi marrón;
botín enterizo, el cuello con brillo,
pidió una guitarra y para ella cantó.
Aquel que, un domingo, bailaron un tango;
aquel que le dijo: "Me muero por vos";
aquel que su almita arrastró por el fango,
aquel que a la reja más nunca volvió.
Ventanita de arrabal
miércoles, 22 de abril de 2009
Sólo tengo ojos para tus ojos
Esperó a que Baltasar terminara para servirse de la cuchara de él, era como si, callada estuviese respondiendo a otra pregunta, Aceptas para tu boca la cuchara de que se ha servido la boca de este hombre, haciendo suyo lo que era tuyo, volviendo ahora a ser tuyo lo que fue de él, y eso tantas veces hasta que se pierda el sentido de lo tuyo y lo mío.
No tengo fuerzas que me lleven de aquí, me has echado un hechizo en el cuerpo, No eché tal, no dije una palabra, no te toqué, Me miraste por dentro, Juro que nunca te miraré por dentro, Juras que no lo harás y ya lo has hecho, No sabes de qué hablas, no te miré por dentro, Si me quedo, donde duermo, Conmigo.
Se acostaron. Blimunda era virgen. Cuántos años tienes, preguntó Baltasar, y Blimunda respondió, Diecinueve años, pero entonces su edad era otra. Corrió algo de sangre por la estera. Con las puntas de los dedos índice y corazón humedecidos en ella, Blimunda se persignó e hizo una cruz en el pecho de Baltasar, sobre el corazón. Estaban los dos desnudos. En una calle cercana oyeron voces de desafío, batir de espadas, carreras. Luego el silencio. No corrió más sangre.
Está Baltasar a punto de sentir de nuevo la añoranza de la guerra pero se acuerda de Blimunda e intenta averiguar de qué color son los ojos de ella, es una guerra en la que anda con su propia memoria, que tanto le recuerda un color como otro, ni sus propios ojos consiguen decidir de qué color de ojos están viendo cuando los tienen delante.
Baltasar, llévame a casa, dame de comer, y acuéstate conmigo, porque aquí delante de ti no puedo verte, y no te quiero ver por dentro, sólo quiero mirarte, cara oscura y barbada, ojos cansados, boca tan triste, hasta cuando estás a mi lado y me quieres, llévame a casa, que yo iré tras de ti, pero con los ojos bajos, porque una vez juré que no te vería por dentro y así sera, castigada sea yo si alguna vez lo hago.
El clandestino encuentro, el suave contacto, la dulce caricia, aunque lleve tantas veces consigo el infierno, bendito sea.
Ya sabemos que estos dos se aman las almas, los cuerpos y las voluntades, pero, estando acostados, asisten las voluntades y las almas al gusto de los cuerpos, o quizá se agarren aún mas a ellos para tomar parte en el gusto, díficil es saber qué parte hay en cada parte, si está perdiendo o ganando el alma cuando Blimunda se alza las faldas y Baltasar se afloja los calzones, si está la voluntad ganando o perdiendo cuando ambos suspiran o gimen, si quedó el cuerpo vencedor o vencido cuando Baltasar descansa en Blimunda o ella descansa en èl, ambos descansando. Éste es el aroma mejor del mundo, el de la paja removida, el de los cuerpos bajo la manta, de los bueyes que rumian en el comedero, el olor del frío que entra por las rendijas del pajar, tal vez el olor de la luna, todo el mundo sabe que la noche tiene otro olor cuando hay luna, hasta un ciego, incapaz de distinguir la noche del día, dirá, Hay luna, se cree que fue Santa Lucía quien hizo el milagro, y al fin es sólo cuestión de aspirar, de olor, Sí señores, qué hermosa luna la de esta noche.
Saramago
No tengo fuerzas que me lleven de aquí, me has echado un hechizo en el cuerpo, No eché tal, no dije una palabra, no te toqué, Me miraste por dentro, Juro que nunca te miraré por dentro, Juras que no lo harás y ya lo has hecho, No sabes de qué hablas, no te miré por dentro, Si me quedo, donde duermo, Conmigo.
Se acostaron. Blimunda era virgen. Cuántos años tienes, preguntó Baltasar, y Blimunda respondió, Diecinueve años, pero entonces su edad era otra. Corrió algo de sangre por la estera. Con las puntas de los dedos índice y corazón humedecidos en ella, Blimunda se persignó e hizo una cruz en el pecho de Baltasar, sobre el corazón. Estaban los dos desnudos. En una calle cercana oyeron voces de desafío, batir de espadas, carreras. Luego el silencio. No corrió más sangre.
Está Baltasar a punto de sentir de nuevo la añoranza de la guerra pero se acuerda de Blimunda e intenta averiguar de qué color son los ojos de ella, es una guerra en la que anda con su propia memoria, que tanto le recuerda un color como otro, ni sus propios ojos consiguen decidir de qué color de ojos están viendo cuando los tienen delante.
Baltasar, llévame a casa, dame de comer, y acuéstate conmigo, porque aquí delante de ti no puedo verte, y no te quiero ver por dentro, sólo quiero mirarte, cara oscura y barbada, ojos cansados, boca tan triste, hasta cuando estás a mi lado y me quieres, llévame a casa, que yo iré tras de ti, pero con los ojos bajos, porque una vez juré que no te vería por dentro y así sera, castigada sea yo si alguna vez lo hago.
El clandestino encuentro, el suave contacto, la dulce caricia, aunque lleve tantas veces consigo el infierno, bendito sea.
Ya sabemos que estos dos se aman las almas, los cuerpos y las voluntades, pero, estando acostados, asisten las voluntades y las almas al gusto de los cuerpos, o quizá se agarren aún mas a ellos para tomar parte en el gusto, díficil es saber qué parte hay en cada parte, si está perdiendo o ganando el alma cuando Blimunda se alza las faldas y Baltasar se afloja los calzones, si está la voluntad ganando o perdiendo cuando ambos suspiran o gimen, si quedó el cuerpo vencedor o vencido cuando Baltasar descansa en Blimunda o ella descansa en èl, ambos descansando. Éste es el aroma mejor del mundo, el de la paja removida, el de los cuerpos bajo la manta, de los bueyes que rumian en el comedero, el olor del frío que entra por las rendijas del pajar, tal vez el olor de la luna, todo el mundo sabe que la noche tiene otro olor cuando hay luna, hasta un ciego, incapaz de distinguir la noche del día, dirá, Hay luna, se cree que fue Santa Lucía quien hizo el milagro, y al fin es sólo cuestión de aspirar, de olor, Sí señores, qué hermosa luna la de esta noche.
Saramago
domingo, 19 de abril de 2009
Esta mona no se anda por las ramas.

¿Porque no?
Apunto alto, me lo guiso, apuesto, por la noche
oyendo ruidos que hacen los animales, los coches
hago piezas de coleccionista y broche
sin palabras no hay personas
Sin reputación no hay respeto, conozco esta zona
esta mona no se anda por las ramas
hablo claro, consecuencias llegan
si me necesitas llama
la fe me mantiene cada mañana,
cada día en pie, estudiando ciencias, vigilando aceras,
mi ruido cae en la coctelera, en la hoguera,
en la autopista, un ungüento que no hace cualquiera,
sin embellecimiento, en ese carro sin asiento
me sientes lo siento, yo no practico el arrepentimiento,
mi templo tiene cimiento,
puño y letra piso con seguridad, tos buscan equilibrio
yo no freno calibro con brió aire sobrio
no cojeo, cojo dormío, hijo mío te lo dan todo hecho y no dices ni pió
No se puede hacer mejor,
unidad de crisis a la orden del día,
si to fuera perfecto ¿que dirías?
otro día más la misma mierda.
Cualquiera cuestiona, pocos responden,
dime como, cuando, donde,
somos los mismos con dinero y sin dinero,
yo no pido estragos lo mío primero,
sudo, me cuesta trabajo hacerlo a mi manera,
lo stamos intentando ¿que mas quieres?
míale lamiendo las mieles, yo tengo lo que tu quieres
mala sin ser uno nueve siete nueve
se quien eres y con cuanto vienes,
entiendo idiomas, y de quien va hablar?
mírame a los ojos, y de quien va hablar?
tengo pájaros en la cabeza
que razonan encerraos en jaulas, aprendiendo a hablar,
aunque duela dime la verdad,
le estas haciendo la cama cariño
luego vas a tenerte que acostar en ella en la vida real
de que sirven los respetos?
¿Porque no?
Por la noche- La Mala Rodriguez
Y otro avión con sueños mejores aterriza.
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