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Mi esposa y yo hicimos el amor esta tarde. Nos escondimos juntos de la luz de nuestro deseo, frente contra frente. Más tarde me preguntó: ¿Tuve para ti un sabor dulce? Querida compañera así fue.
Esta noche me quedé mirando con placer cómo se desnudaba y se ponía su pijama de franela. La estreché con fuerza hasta que se quedó dormida. Después cerré la luz y abandoné la habitación cuidadosamente y bajé aquí contigo.
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Ella se erguía frente a mí inmensa como el guardián de una bahía. ¿Cómo había podido yo llegar a pensar en domeñarla?. Con una mano de cromo y un inmenso cigarrillo Gauloise me sugirió que me diera por vencido y la adorase, cosa que hice por espacio de diez años. Así comenzó el obsceno silencio de mi carrera como mujeriego.
Mi esposa y yo
Me arrodillé junto a un arroyo
Leonard Cohen
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