lunes, 27 de diciembre de 2010

Poema 31


Creo que una brizna de hierba no es menos

que el camino que recorren las estrellas,

y que la hormiga es perfecta,

y que también lo son el grano de arena

y el huevo del zorzal,

y que la rana es una obra maestra,

digna de las más altas,

y que la zarzamora podría adornar los salones del cielo,

y que la menor articulación de mi mano

puede humillar a todas las máquinas,

y que una vaca paciendo con la cabeza baja,

supera a todas las estatuas;

y que un ratón es un milagro capaz de asombrar a millones de incrédulos.

Walt Whitman

Canto a mi mismo


"Este es un canto de amor y respeto

a la más grande de todas las maravillas, que es la vida humana.

Y yo también lo creo."

Serrat

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El amor, las mujeres y la muerte.


…Se imagina que el instinto tiene poco imperio sobre el hombre o, por lo menos que no se manifiesta nada más que en el recién nacido, que trata de apresar la teta de su madre; pero, en realidad, hay un instinto muy determinado, muy manifiesto, y sobre todo muy complejo, que nos guía en la elección tan fina, tan seria, tan particular de la persona a quien se ama, y a la posesión de la cual se apetece…

… Si el espíritu de la especie, que dirige a dos amantes sin que lo sepan, pudiese hablar por su boca y expresar ideas claras en vez de manifestarse por medio de sentimientos instintivos, la elevada poesía de tal dialogo amatorio en el cual el lenguaje sólo habla con imágenes novelescas y parábolas ideales de aspiraciones infinitas, de presentimientos, de una voluptuosidad sin límites, de felicidad inefable, de fidelidad eterna, etc., se manifestaría en la siguiente forma:

DAFNIS.- Quisiera regalar un individuo a la generación futura, y creo que tú podrías darle lo que a mí me falta.

CLOE.- Tengo la misma intención, y creo que tú podrías darle lo que yo no tengo

DAFNIS.- Yo le doy elevada estatura y fuerza muscular; tú no tienes ni una ni otra

CLOE.- Yo le doy bellas formas y menudos pies: tú no tienes ni estos ni aquellos

DAFNIS.- Yo le doy fina piel blanca que tú no tienes

CLOE.- Yo le doy cabellos negros y ojos negros: tú eres rubio.

DAFNIS.- Yo le doy nariz aguileña

CLOE.- Yo le doy hermosa frente, ingenio e inteligencia; que no podrían venir de ti

DAFNIS.- Talle derecho, bella dentadura, salud sólida: he aquí lo que recibe de nosotros dos. Realmente, los dos juntos podemos dotar de perfecciones al futuro individuo; por eso te deseo más que a ninguna otra mujer

CLOE.- Yo también te deseo.

Si se tiene en cuenta la inmutabilidad absoluta del carácter y de la inteligencia de cada hombre, preciso es admitir que para ennoblecer a la especie humana no es posible intentar nada exterior; se obtendría ese resultado no por la educación y la instrucción, sino por vía de la generación…

…Si se pudiese hacer eunucos a todos los pillos, encerrar en conventos a todas las necias, proveer a las personas de carácter de todo un harén, y de hombres (verdaderos hombres) a todas las jóvenes solteras inteligentes y graciosas, se vería bien pronto una generación que nos daría una edad superior aun al siglo de Pericles.

Sin dejarnos llevar de planes quiméricos, hay para reflexionar que si después de la pena de muerte, se estableciese la castración como la pena más grande, se libraría a la sociedad de generaciones enteras de bribones; y esto, con tanta mayor seguridad, cuanto que, como se sabe, la mayoría de los crímenes se cometen entre las edades de veinte a treinta años.

Creo – como Sterne- que la voluptuosidad es muy seria. Representemos la pareja más hermosa, la más encantadora: ¡Cómo se atraen y repelen, se desean y se huyen con gracia, en un bello juego de amor!

Llega el instante de la voluptuosidad: todo jugueteo, toda alegría graciosa y dócil han desaparecido de repente, la pareja se ha puesto seria ¿Por qué? Porque la voluptuosidad es bestial y la bestialidad no se ríe. Las fuerzas de la naturaleza obran en todas partes.

La voluptuosidad de los sentidos es lo opuesto al entusiasmo que nos abre el mando ideal. El entusiasmo y la voluptuosidad son graves y no traen consigo jugueteos.

Arthur Schopenhauer

martes, 2 de noviembre de 2010

Tus Manos

Cuando tus manos salen,
amor, hacia las mías,
qué me traen volando?
Por qué se detuvieron en mi boca,
de pronto,
Por qué las reconozco
como si entonces antes,
las hubiera tocado,
como si antes de ser
hubieran recorrido
mi frente, mi cintura?

Su suavidad venía
volando sobre el tiempo,
sobre el mar, sobre el humo,
sobre la primavera,
y cuando tú pusiste
tus manos en mi pecho,
reconocí esas alas
de paloma dorada,
reconocí esa greda
y ese color de trigo.

Los años de mi vida
yo caminé buscándolas.
Subí las escaleras,
crucé los arrecifes,
me llevaron los trenes,
las aguas me trajeron,
y en la piel de las uvas
me pareció tocarte.
La madera de pronto
me trajo tu contacto,
la almendra me anunciaba
tu suavidad secreta,
hasta que se cerraron
tus manos en mi pecho
y allí como dos alas
terminaron su viaje.
Neruda

miércoles, 27 de octubre de 2010

Exvoto


" Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa. Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga en la vereda. Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamás -empavesadas como fragatas- van a pasearse por la plaza, para que los hombres les eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes, se enciendan y se apaguen como luciérnagas. Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que pasan por la vereda. "

Oliverio Girondo

sábado, 16 de octubre de 2010

Y yo le dije, o ella a mi, no se..


Pensalo bien,
antes de dar ese paso,
que tal vez mañana acaso
no puedas retroceder.

Pensalo bien,
yo que tanto te he querido,
y me has echado al olvido
tal vez por otro querer.
Musica: Juan José Visiglio
Letra: Enrique Lopez
Rec. by Juan D'Arienzo
con Alberto Echagüe

sábado, 9 de octubre de 2010

Repiqueteando tu taquito en la vereda!!


Cuando tú pasas caminando por las tardes,
repiqueteando tu taquito en la vereda,
marcas compases de cadencias melodiosas
de una milonga juguetona y callejera.
Y en tus vaivenes pareciera la bailaras,
así te miren y te miren los que quieran,
porque tú llevas en tu cuerpo la arrogancia
y el majestuoso ondular de las porteñas.

Tardecita criolla, de límpido cielo
bordado de nubes, llevas en tu pelo.
Vinchita argentina que es todo tu orgullo...
¡Y cuánto sol tienen esos ojos tuyos!

Y los piropos que te dicen los muchachos,
como florcitas que a tu paso te ofrecieran
que las recoges y que enriedas en tu pelo,
junto a la vincha con que adornas tu cabeza.
Dice tu cuerpo tu arrogancia y tu cadencia
y tus taquitos provocando en la vereda:
Soy el espíritu criollo hecho silueta
y te coronan la más guapa y más porteña.

Silueta Porteña

jueves, 7 de octubre de 2010

Jose Antonio


Por una vereda viene
cabalgando Jose Antonio
se viene desde el barranco
a ver la flor de Amancáes.

En un bere-bere criollo,
va a lo largo del camino,
con jipijapa, pañuelo,
y poncho blanco de lino.

Mientras corre la mañana,
su recuerdo juguetea,
y con alegre retozo
el caballo pajarea.

Fina garúa de junio,
le besa las dos mejillas,
y cuatro cascos cantando,
van camino de Amancáes.

¡Qué hermoso que es mi chalán!
¡Cuán elegante y garboso!
Sujeta la fina rienda de seda,
que es blanca y roja.

¡Qué dulce gobierna el freno
con sólo cinta de seda,
al dar un quiebro gracioso
al criollo bere-bere!

Tú, mi tierra, que eres blanda
le diste ese extraño andar
enseñándole el amblar
del paso llano (ya no) gateado.

Siente cómo le quitaste
durezas del bere-bere,
que allá en su tierra de origen
arenas le hacían daño;

fina cadencia en el anca,
brillantes se ven las crines,
y el nervio tierno y alerta
para el deseo del amo.

Ya no levanta las manos
para luchar con la arena
quedó plasmado en el tiempo
su andar de paso peruano.

José Antonio, José Antonio,
¿Por qué me dejaste aquí?
Cuando te vuelva a encontrar
que sea junio y garúe.

Me acurrucaré a tu espalda,
bajo tu poncho de lino,
y en las cintas del sombrero,
quiero ver los amancáes,

que recoja para ti,
cuando a la grupa me lleves
de ese tu sueño logrado,
de tu caballo de paso.

¡Aquel del paso peruano!

Canta Chabuba Granda