viernes, 14 de marzo de 2014

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Uds. no comprenden lo que quiere decir ser sincero. Están tan acostumbrados a mentir, tanto a sí mismos como a los demás, que ya no pueden encontrar palabras ni pensamientos cuando quieren decir la verdad. Decir toda la verdad acerca de sí mismo es cosa bastante difícil. Pero antes de poder decirla, tiene uno que saberla. Y Uds. ni siquiera saben cual es la verdad acerca de Uds. mismos.

Gurdjieff

miércoles, 12 de marzo de 2014

Posibilidades de la abstracción

Trabajo desde hace años en la Unesco y otros organismos internacionales, pese a lo cual conservo algún sentido del humor y especialmente una notable capacidad de abstracción, es decir, que si no me gusta un tipo lo borro del mapa con sólo decidirlo, y mientras él habla y habla yo me paso a Melville y el pobre cree que lo estoy escuchando. De la misma manera, si me gusta una chica puedo abstraerle la ropa apenas entra en mi campo visual, y mientras me habla de lo fría que está la mañana yo me paso largos minutos admirándole el ombliguito. A veces es casi malsana esta facilidad que tengo.
El lunes pasado fueron las orejas. A la hora de entrada era extraordinario el número de orejas que se desplazaban en la galería de entrada. En mi oficina encontré seis orejas; en la cantina, a mediodía, había más de quinientas, simétricamente ordenadas en dobles filas. Era divertido ver de cuando en cuando dos orejas que remontaban, salían de la fila y se alejaban. Parecían alas.
El martes elegí algo que creía menos frecuente: los relojes de pulsera. Me engañé, porque a la hora del almuerzo pude ver cerca de doscientos que sobrevolaban las mesas con un movimiento hacia atrás y adelante, que recordaba particularmente la acción de diseccionar un biftec. El miércoles preferí (con cierto embarazo) algo más fundamental, y elegí los botones. ¡Oh espectáculo! El aire de la galería lleno de cardúmenes de ojos opacos que se desplazaban horizontalmente, mientras a los lados de cada pequeño batallón horizontal se balanceaban pendularmente dos, tres o cuatro botones. En el ascensor la saturación era indescriptible: centenares de botones inmóviles, o moviéndose apenas, en un asombroso cubo cristalográfico. Recuerdo especialmente una ventana (era por la tarde) contra el cielo azul. Ocho botones rojos dibujaban una delicada vertical, y aquí y allá se movían suavemente unos pequeños discos nacarados y secretos. Esa mujer debía ser tan hermosa.

El miércoles era de ceniza, día en que los procesos digestivos me parecieron ilustración adecuada a la circunstancia, por lo cual a las nueve y media fui mohíno espectador de la llegada de centenares de bolsas llenas de una papilla grisácea, resultante de la mezcla de corn-flakes, café con leche y medialunas. En la cantina vi cómo una naranja se dividía en prolijos gajos, que en un momento dado perdían su forma y bajaban uno tras otro hasta formar a cierta altura un depósito blanquecino. En ese estado la naranja recorrió el pasillo, bajó cuatro pisos y, luego de entrar en una oficina, fue a inmovilizarse en un punto situado entre los dos brazos de un sillón. Algo más lejos se veían en análogo reposo un cuarto de litro de té cargado. Como curioso paréntesis (mi facultad de abstracción suele ejercerse arbitrariamente) podía ver además una bocanada de humo que se entubaba verticalmente, se dividía en dos translúcidas vejigas, subía otra vez por el tubo y luego de una graciosa voluta se dispersaba en barrocos resultados. Más tarde (yo estaba en otra oficina) encontré un pretexto para volver a visitar la naranja, el té y el humo. Pero el humo había desaparecido, y en vez de la naranja y el té había dos desagradables tubos retorcidos. Hasta la abstracción tiene su lado penoso; saludé a los tubos y me volví a mi despacho. Mi secretaria lloraba, leyendo el decreto por el cual me dejaban cesante. Para consolarme decidí abstraer sus lágrimas, y por un rato me deleité con esas diminutas fuentes cristalinas que nacían en el aire y se aplastaban en los biblioratos, el secante y el boletín oficial. La vida está llena de hermosuras así.

Julio Cortazar

lunes, 10 de marzo de 2014

Esta madrugada tuve un sueño muy curioso:


Estaba charlando con una mujer, muy bella, pero este ser se parecía a aquellos que ven fuera de si todo rastro de responsabilidad sobre sus propios actos. La miraba atento mientras ella se dedicaba a recitarme toda clase de reproches, me culpaba y hacía responsable de toda tragedia en su vida, lo hacía a veces gritando, a veces llorando, a veces riendo o muy tranquila. Yo al principio me dedicaba a defenderme y después solo la miraba. Me pareció un hecho tristón, una situación lamentable e indigna de su belleza, así que le dije:

Mire señorita, yo no gano nada echándole la culpa a usted, ni queriéndole demostrar algo, tampoco pierdo nada diciendo "está bien, tengo la culpa de todo" así que recibo su petición, ahora por favor, pasemos a otro tema.. Pero en el sueño no pase a otro tema, sino que agarré un taxi y me fui alegremente....

Con la necedad, no se discute. NI DORMIDO. Ni aunque esté bien guapa.


Inoportuna

Quien no lo sepa ya
lo aprenderá de prisa:
la vida no para,
no espera, no avisa.
Tantos planes, tantos planes
vueltos espuma
tu, por ejemplo,
tan a tiempo
y tan
inoportuna...


Drexler

Celebración de la fantasía

Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había desprendido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, porque la estaba usando en no sé qué aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano. Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitas cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quien una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas, y no faltaban los que pedían un fantasma o un dragón. Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba más de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca: -"Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima" -dijo. -"¿Y anda bien? "-le pregunté. -"Atrasa un poco" -reconoció.

Galeano

miércoles, 5 de marzo de 2014

Poesía Familiar

Estaba lloviendo y mi viejo me dijo: "Vente viejita vamos a meternos aquí para matar el tiempo y taparnos".. Entonces nos metimos al teatro. Cuando entramos vi puro hombre, 2 o 3 mujeres nada más.. Viejo hay puro hombre aquí.. "No importa viejilla tu vienes conmigo", Pues si, y nos sentamos.. había ahí un como andamio, de madera, en medio y la gente alrededor.. luego que va saliendo una vieja de esas feas, y caminando por ahí QUE SE VA QUITANDO LA ROPA! y que empieza el griterío de los viejos MUCHA ROPA!, MUCHA ROPA! y yo me encogía en el asiento pensando "Esta vieja se va a encuerar hasta delante de mí!!!" jajaja fijate que pendeja yo, como si la vieja supiera... y luego gritaban OSO! OSO! OSO! y yo decía a mis adentros "ojale que salga el oso pa que ya se meta esta vieja!!" jajajaja fijate nada más que pendeja!! pero esque en esos tiempos estabamos bien ignorantes! yo que iba a saber del "oso" y del "cuco" y de "la primera comunion" pero no, yo no le preguntaba a mi viejo de eso, mejor hablaba con Lichita....

Mi abuelita Gloria en la cena

Solo si eres capaz de irte, puedes quedarte.

Cosa extraña es el hombre: nacer no pide, vivir no sabe, morir no quiere.