martes, 18 de febrero de 2014

The Reckoner

Tienes cadenas en los pies tan pesadas como tu nombre
Tienes plumas en los pies tan ligeras como tu alma.
Puedes secar las plantas o crecer agua a tu antojo.
Tienes en las ideas, ramitas de frustraciones que solo se comparan a lo sublime de lo que hablas sin hablar.
Tienes en la sonrisa la sabiduría que jamás podrás recitar.
Hay en ti planetas llenos de angeles, pagando su remordimiento.
Hay en ti la mas afilada espada cortando el viento.
Sentada en tus sombras, apacible, acompañas nuestra soledad, la cobijas, la peinas, y no lo sabes.
Traes en ti, notas mas altas, notas que jamás se bailarán ni hablarán.
Ojala pudieras escuchar tu propia sonrisa.

Ernesto

Everything is Everything


-Todo es alimento. Agua, aire, frío, calor, tierra, palabras, insultos, halagos, valentía, miedo, miradas, vibraciones, música, articulaciones, movimiento, pereza, tranquilidad, árbol,montaña, contemplación, abrazo, caricia, golpe, sangre, distracción, enfoque, ir al punto, darle vueltas, animales, plantas, paciencia, generosidad, celos, envidia, respeto, debilidad, dinero, descanso, trabajo, minerales, voces fingidas, buena postura, no tener ni idea de la postura, no tener ni idea de la mayor parte de las cosas que le pasan a uno, celular, computadora, carretera, psicoanálisis, gula, meditación, deporte, arte, libro, criticar y hacer, criticar y no hacer, practica, habladuría, movimientos y gestos innecesarios, enfermedad del "mañana lo hago, luego lo hago", sinceridad propia, firmeza, flexibilidad, temple, etiquetas perturbadoras, vacuidad... TODO ES ALIMENTO. Que queremos SER? Que queremos HACER?

Que hacemos para este objetivo? Que hacemos de más? Que falta desarrollar?

Observa con que te alimentas.

L´amant

"Dondequiera que estés, sea cual sea tu condición y hagas lo que hagas,
sé siempre un buen amante”

Rumi

lunes, 17 de febrero de 2014

El Grandioso!

Nasrudín es un personaje comodín que interpreta numerosos papeles en historias muy variadas. Esta historia comienza cuando Nasrudín llega a un pequeño pueblo en algún lugar lejano de Medio Oriente. Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudín, que en verdad no sabia que decir, porque él sabía que nada sabía, se propuso improvisar algo y así intentar salir del atolladero en el que se encontraba. Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:
-Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán que es lo que yo tengo para decirles.
La gente dijo:
-No… ¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos ¡Háblanos! ¡Queremos escucharte!
Nasrudín contestó:
-Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber que es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.
Dicho esto, se levantó y se fue.
La gente se quedó sorprendida. Todos habían venido esa mañana para escucharlo y el hombre se iba simplemente diciéndoles eso. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes -nunca falta uno- mientras Nasrudín se alejaba, dijo en voz alta:
-¡Qué inteligente!
Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice “¡qué inteligente!”, para no sentirse un idiota uno repite:. Y entonces, todos empezaron a repetir: “¡si, claro, qué inteligente!”
-Qué inteligente.
-Qué inteligente.
Hasta que uno añadió:
-Si, qué inteligente, pero… qué breve.  
Y otro agrego:
-Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón. ¿Cómo nosotros vamos a venir acá sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos que hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.
Entonces fueron a ver a Nasrudín. La gente había quedado tan asombrada con lo que había pasado en la primera reunión, que algunos habían empezado a decir que el conocimiento de Él era demasiado para reunirlo en una sola conferencia.
Nasrudín dijo:
-No, es justo al revés, están equivocados. Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podría dar dos.
La gente dijo:
-¡Qué humilde!
Y cuanto más Nasrudín insistía en que no tenia nada para decir, con mayor razón la gente insistía en que querían escucharlo una vez más. Finalmente, después de mucho empeño, Nasrudín accedió a dar una segunda conferencia.
Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, pues todos sabían del éxito de la conferencia anterior. Nasrudín se paró frente al público e insistió con su técnica:
-Supongo que ustedes ya sabrán que he venido a decirles.
La gente estaba avisada para cuidarse de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia; así que todos dijeron:
-Si, claro, por supuesto lo sabemos. Por eso hemos venido.
Nasrudín bajó la cabeza y entonces añadió:
-Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetir.
Se levantó y se volvió a ir.
La gente se quedó estupefacta; porque aunque ahora habían dicho otra cosa, el resultado había sido exactamente el mismo. Hasta que alguien, otro alguien, gritó:
-¡Brillante!
Y cuando todos oyeron que alguien había dicho “¡brillante!”, el resto comenzó a decir:
-¡Si, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer!
-Qué maravilloso
-Qué espectacular
-Qué sensacional, qué bárbaro
Hasta que alguien dijo:
-Si, pero… mucha brevedad.
-Es cierto- se quejó otro
-Capacidad de síntesis- justificó un tercero.
Y en seguida se oyó:
-Queremos más, queremos escucharlo más. ¡Queremos que este hombre nos de más de su sabiduría!
Entonces, una delegación de los notables fue a ver a Nasrudín para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia. Nasrudín dijo que no, que de ninguna manera; que él no tenia conocimientos para dar tres conferencias y que, además, ya tenia que regresar a su ciudad de origen.
La gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez; por sus ancestros, por su progenie, por todos los santos, por lo que fuera. Aquella persistencia lo persuadió y, finalmente, Nasrudín aceptó temblando dar la tercera y definitiva conferencia.
Por tercera vez se paró frente al publico, que ya eran multitudes, y les dijo:
-Supongo que ustedes ya sabrán de qué les voy a hablar.
Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del poblado contestaría. El hombre de primera fila dijo:
-Algunos si y otros no.
En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos, incluso los jóvenes, siguieron a Nasrudín con la mirada.
Entonces el maestro respondió:
-En ese caso, los que saben… cuéntenles a los que no saben.
Se levantó y se fue



viernes, 14 de febrero de 2014

¿Así o más claro?

Levantarse, no solo por uno mismo, sino por tu padre, tu madre, por tus hijos, tus hermanos, y por cualquiera que caiga, levantarse por todas las veces que antes cayeron y levantarse por todas las veces que después caerán. No solo por mi, porque me duele, o porque no me gusta. No solo por ti. Levantarse a ver el Sol por todos los que no se levantan ni miran para arriba, no importando si es porque no pueden, no saben o no quieren.

Y NO OLVIDARLO! 

Flor de campo


Mis letras son pasajeras, sencillas. No conocen más que el salpicar de esas piedras, aquellos pedacitos de agua, o del sol bañándome los ojos. Mi poesía sin ciencia, se contenta escuchando el techo de lamina cuando lo abraza la lluvia, la rama del árbol jugando con el viento, y regalandole hojas a la banqueta. No hay en mí, un poeta revoloteando entre palabras abolladas de tanto pensarse, forzarse para que quepan en un extenuante verso, palabras que se presumen una a la otra y se vanaglorian de su propia confusión, se alegran de complicarse su propia existencia.
Por eso solo escribo con pies descalzos, pies que cruzan montes y juegan en lodo, escribo con ojos que ven mariposas y sapos, con manos de trigo y piel de maíz. Mi baile es humilde, mi mirada callada y mi sonrisa facil. Le canto a lo pobre, le canto bajito y al oído. Doy ofrendas de tierra mojada, agua al limonero, incienso a la casa. Mi pensar de orégano, miel de abeja, bandoneon y flores de abril, no acepta más que lo glorioso de lo simple.


Ernesto 

Paraíso e Infierno

Un samurai de nombre Nangatsu acudió a visitar al maestro Hakuin y le pregunto:-¿Existe realmente un paraíso y un infierno?.
-¿Tú quién eres?- Pregunto Hakuin.
-Un samurai- respondió el otro.
-¡Tú, un guerrero?- exclamó Hakuin-.¿Qué clase de señor te admitiría en su guardia? Más bien pareces un mendigo.
Nangatsu se encolerizó tanto que echó mano a su espada bastante contrariado por las palabras del maestro. Este sin embargo siguió increpandole y ofendiendo su persona hasta tal punto que el samurai ya con los ojos encolerizados y lleno de ira en todo su ser desenvaino la espada. Hakuin observó
-ahora se abren las puertas del infierno-
El samurai se quedo totalmente absorto ante las palabras del maestro y acto seguido envainó su espada.
-Ahora se abren las puertas del paraíso- dijo Hakuin acto seguido.
El samurai entonces hizo una reverencia agradeciendo al maestro su enseñanza.

Cuento Zen





"En oriente dicen que hay tres tipos de Maestro: uno el que se nos muestra como un camino, un libro, una persona, una enfermedad puede ser un maestro. El segundo maestro te toma de la mano y te lleva al borde del abismo. El maestro definitivo es el que te empuja en el abismo"